viernes, 22 de septiembre de 2017

La invasión del valle de Arán

El hecho que vamos a analizar, aunque forma parte de la Historia de España, está muy vinculado tanto con el devenir de la IIª Guerra Mundial como con el modo en que acabó la misma. Este conflicto comenzó a cambiar su sino –en el frente occidental, en el oriental lo había hecho antes– a partir del desembarco de Normandía (6 de junio de 1944). Antes, no obstante, ya se habían producido elementos que anunciaban la decadencia del poderío militar de las potencias del Eje en los frentes occidentales: su rendición en el norte de África (mayo de 1943) y la invasión de Italia (10 de julio de 1943, desembarco en Sicilia). Roma había sido liberada el 4 de junio de 1944. La derrota alemana se comenzaba a vislumbrar una vez que los soviéticos comenzaron a contraatacar en el frente oriental –batallas de Stalingrado (1942), Kursk (1943), etc–. A aquellas alturas de la guerra, el enorme desgaste de Alemania –en hombres y en recursos–  hacía imposible sostener durante mucho tiempo dos frentes de combate simultáneamente, especialmente tras la entrada de Estados Unidos en la guerra.
Desembarco de tropas norteamericanas en Sicilia. Fuente: http:/www./mundosgm.com
El desplazamiento de los frentes de lucha hacia territorio alemán permitió que bastantes guerrilleros españoles, que habían estado combatiendo a las tropas alemanas en el maquis francés, abandonasen esa tarea. La mayor parte de estos guerrilleros habían pasado por los campos de internamiento tras su huida a Francia al finalizar la guerra civil española. Allí el gobierno colaboracionista francés organizó compañías de trabajo para preparar o mantener infraestructuras de interés militar.
Con el paso del tiempo, algunas de esas compañías pasaron a combatir directamente al ejército alemán, siempre inscritas en la resistencia francesa, sobre todo a partir de julio de 1941, cuando Alemania invadió la URSS. Este cambio se puede explicar porque en su mayor parte los miembros de estas compañías eran comunistas y el PCE, con la colaboración del PCF, mantenía una gran influencia sobre ellas. La invasión alemana de la URSS implicó un cambio en la actitud de los partidos comunistas europeos y, por ende, del PCE, que no dudó en incorporase al movimiento de resistencia contra el nazismo y colaborar con otras fuerzas políticas antifascistas.
Soldados republicanos españoles entrando en París. Fuente: http://www.abc.es
Los guerrilleros españoles crearon el XIV Cuerpo Guerrillero, que quedó al mando de Jesús Ríos García, antiguo oficial del Ejército Popular de la República. A partir de ese Cuerpo, en mayo de 1944 se conformó una fuerza guerrillera que se denominó la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE), integrada por unos diez mil hombres. Estos se convirtieron en un ejército en la reserva que estaba disponible para cualquier eventualidad política o militar –siempre bajo los designios del PCE–.
Con el panorama militar clarificado en Francia, los dirigentes del PCE en España y Francia promovieron una apertura política hacía otras fuerzas antifranquistas dispuestas a compartir el objetivo de desalojar a Franco del poder y restaurar la República. Ejemplo de esta postura fue la promoción de la Unión Nacional Española (UNE), que había sido creada en 1941 por Jesús Monzón, en ese momento hombre fuerte del PCE en Francia. La idea subyacente era que, una vez se hubiese liberado el territorio francés, se prolongaría la acción militar a España. El objetivo de la organización era crear un gobierno de Unidad Nacional, con fuerzas de la izquierda y de la derecha, que restablecería la democracia convocando elecciones. Esta alternativa, que debía imponerse militarmente, implicaba, claro, la invasión de España por parte de los aliados para ser viable.
La idea básica del plan de acción era sostener la lucha armada en el interior de España mediante el maquis, a fin de alentar una rebelión popular contra el régimen y proporcionar motivos para una posterior intervención de los aliados en España. El objetivo último era derrocar el régimen de Franco. En este contexto político, se produjo la invasión del Valle de Arán, que estaba destinada a cumplir esos objetivos. Todo ello cuando comenzaba a pensarse que el final de la IIª Guerra Mundial en Europa ya estaba cerca y los aliados podrían abrir un nuevo frente en España.
Compañía de la 35 brigada de la UNE. Fuente: http://devale.blogspot.com.es
Pero las fuerzas aliadas, especialmente Estados Unidos e Inglaterra, no estaban interesados en prolongar la guerra, y máxime cuando empezaban a aflorar las disensiones con la URSS, diferencias que acabarían desembocando en la Guerra Fría. El ejemplo de la guerra civil griega (1944-1946), entre guerrilleros comunistas y las fuerzas monárquicas, era un elemento disuasorio de cualquier acción invasora de España. El temor a un aumento de la influencia comunista en Europa y el cansancio de la guerra se impusieron sobre cualquier otro criterio.
Por otro lado, dentro del PCE no todas las posturas eran favorables. De hecho, Dolores Ibarruri a la sazón Secretaria General del PCE en esos momentos no estuvo informada del ataque. Ella y Monzón estaban enfrentados; por ello decidió esperar acontecimientos, sin apoyar explicitamente la iniciativa pero también sin condenarla, mientras enviaba a Santiago Carrillo a París para recabar información.
La idea de la invasión era combatida, también, por otros miembros del partido, tanto políticos como militares, más partidarios de formar grupos guerrilleros al estilo de los partisanos comunistas yugoslavos que de un ataque directo. A posteriori estas posturas se mostraron más sensatas. El problema principal del plan fue la inconsistencia del análisis del PCE, especialmente de Jesús Monzón. Ni la población se sublevaría ni las potencias occidentales apoyarían una acción dirigida por los comunistas. Los informadores del partido ya habían comunicado que la población no apoyaría un levantamiento.
La operación, que recibió el ampuloso nombre de Reconquista de España, fue diseñada para ser ejecutada por la AGE, aunque solamente unos cinco mil efectivos participarían en la operación, manteniéndose el resto en la reserva. El ataque consistió en llevar a cabo diversas escaramuzas por toda la frontera pirenaica, que tendrían como principal objetivo la distracción, mientras que la invasión principal se dirigiría contra Viella, la capital del valle de Arán. Este objetivo se seleccionó porque, una vez conquistado, era fácil de defender, sobre todo en invierno cuando quedaba aislado de España. La consolidación de un territorio español donde existiese la legalidad republicana podía cambiar muchas cosas.
Los primeros choques –en Navarra y Hendaya– acabaron en fracasos aunque también es verdad que fueron poco significativos. La acción principal comenzó el 19 de octubre con la invasión del Valle de Arán. Los hombres de la denominada 204 División de Guerrilleros, dirigida por el coronel Vicente López Tovar, entraron en el valle divididos en tres columnas. Esta primera acción les permitió ocupar algunos caseríos y la localidad de Bosost, pero se frenó el asalto a Viella, la capital del valle,  al advertir que en ella existía una fuerte concentración de tropas franquistas –Ejército y Guardia Civil–, dirigidas por el general José Moscardó, Capitán General de Cataluña en ese momento.
Mapa del valle de Arán. Fuente: https://esquiadoresescaladoresdeviella.wordpress.com
Los principales combates tuvieron lugar en Bosost y Bòrdes, en la parte occidental, y en Salardú en la oriental, todos ellos en los días 19 y 20. El mismo día 19 llegaron al puerto de la Boniagua las tropas franquistas de refuerzo, fuerzas de élite encabezadas por la Legión y los Regulares, con lo que truncaba la posibilidad de consolidar la conquista del territorio. Los enfrentamientos se saldaron con un balance de unos 120 muertos por parte de las tropas franquistas y de unos 300 fallecidos por parte de los guerrilleros.
Ante la imposibilidad de cumplir los objetivos propuestos y con el peligro de que las tropas franquistas cortasen la retirada a Francia, el día 21 Santiago Carrillo, como responsable político, y el general Luis Fernández ordenaron la retirada del contingente. Esta decisión fue prudente desde un punto de vista táctico, pero significó el fracaso y la defenestración política de Jesús Monzón, pasando el control del PCE en España y Francia a manos de Dolores Ibarruri.
El fracaso se explica porque no hubo ningún apoyo popular a la invasión; la sociología de la zona –pequeños propietarios agrícolas y ganaderos– no se correspondía con el perfil más adecuado para lograr posibles apoyos al comunismo. También se explica por la falta de interés de las potencias vencedoras en la IIª Guerra Mundial –Gran Bretaña especialmente–, poco o nada partidarias de abrir otro frente de combate y, además, dar protagonismo a los comunistas. Por su parte, Stalin no estaba interesado en enfrentarse a las potencias occidentales por un tema muy secundario en su estrategia de esos momentos.
La invasión sirvió, paradójicamente, para cohesionar al franquismo. El descontento comenzaba a extenderse en el ejército y en algunos sectores políticos –monárquicos, falangistas puros, etc.–, aupado por las victorias aliadas y la desaparición de los principales aliados internacionales del régimen. Así que la amenaza de invasión hizo olvidar las desavenencias internas para concentrarse en salvar a Franco y su régimen.
Bibliografía.
Documentos RNE (2013): “Los maquis: lucha y derrota de la guerrilla antifranquista”. http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-maquis-kucha-derrota-guerrilla-antifranquista-29-06-13/1903179/
Grandes, A. (2010). Inés y la alegría (Kindle ed.). Barcelona: Tusquets.
La invasión del Valle de Arán (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el de https://es.wikipedia.org/wiki/Invasi%C3%B3n_del_Valle_de_Ar%C3%A1n
Marquina, A. (1980). La invasión del valle de Arán por los “maquis” pudo estar manipulada por el espionaje alemán. Retrieved from https://elpais.com/diario/1980/05/24/internacional/327967205_850215.html
Sánchez Agustí, F. (2014). Setenta años de la invasion maquis del valle de Arán. Heraldo de Madrid. Retrieved from https://heraldodemadrid.net/2014/12/08/setenta-anos-de-la-invasion-maquis-del-valle-de-aran/
Van der Brule, Á. (2015). El último cartucho de libertad: la guerrilla que asoló el valle de Arán. Retrieved from http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-01-17/el-ultimo-cartucho-la-tormenta-guerrilla-que-asolo-el-valle-de-aran_622949/
Esta entrada ha sido publicada el 29 de agosto en mi blog: https://miradahistorica.com/



La revuelta catalana de 1934: l'Estat Catlà


Es bien conocida la frase de Marx, Carlos, que dice que la historia se repite siempre dos veces, primero como tragedia y, luego, como farsa. Y comienzan a aparecer visos de que esto mismo está ocurriendo con el problema creado por la convocatoria, por el gobierno catalán, de un referéndum de autodeterminación para el 1 de octubre. Bien es cierto que las causas concretas de ambos acontecimeintos son diferentes, así como el contexto histórico, especialmente el internacional. Pero llama la atención el hecho de que en los dos únicos períodos democráticos disfrutados por España en la etapa contemporánea haya aflorado la cuestión catalana –por llamarla de alguna manera–; y ello siempre a partir de un crecimiento de la tensión entre el gobierno central y el autonómico. Algo muy parecido ocurrió en 1934.
El programa político que las fuerzas de la oposición consensuaron en San Sebastián preveía atender las reivindicaciones nacionalistas catalanas. Pero, el mismo día en que proclamó la IIª República, el 14 de abril de 1931, Francesc Macià proclamó en Barcelona, por su cuenta, la República Catalana. Para reconducir la situación el gobierno central, aún provisional, envió a tres ministros con el fin de llegar a un acuerdo. A cambio de no romper la estructura del Estado y de retirar la proclamación, el gobierno se comprometía a restablecer la Generalitat de Cataluña, cuya presidencia ostentaría el mismo Macià, y a aprobar un estatuto de autonomía en las futuras Cortes Constituyentes.

Proclamación de la Iiª República en Barcelona.
Fuente: Wikipedia
La constitución de 1931 permitió el reconocimiento del derecho a la autonomía de las regiones. Cataluña fue la primera en comenzar el proceso a iniciativa de Esquerra Republicana, que desde las elecciones de 1931 había desplazado al nacionalismo moderado de la Liga Regionalista como partido hegemónico en Cataluña. Como consecuencia del acuerdo obtenido por Macià, se creó una Diputación Provisional de la Generalitat, formada por representantes de los municipios. Esta Diputación creó, a su vez, una comisión de seis miembros que redactó un anteproyecto de Estatuto de Autonomía, que luego, el 6 de agosto de 1931, fue refrendado por el 99 % de los votos, aunque las mujeres no pudieron votar. El 18 de agosto el proyecto entró en las Cortes.
El proyecto de Estatuto adoptaba una filosofía federal en la concepción territorial del Estado y proponía una serie de competencias que contradecían lo estipulado en la Constitución de 1931: creación de una ciudadanía catalana, el catalán como única lengua oficial, posibilidad de incorporar otros territorios, etc. Estas propuestas chocaban con lo que se decía en la constitución pues, aunque la constitución reconocía las autonomías, el texto se fundamentaba en una concepción unitaria del Estado.
Aunque el proyecto fue reformado para adecuarlo a la constitución –se conservaron las competencias exclusivas en derecho civil y régimen administrativo, en la red secundaria de transportes y en sanidad y servicios sociales; y compartidas en educación, orden público y hacienda–, suscitó bastante oposición en prácticamente todos los grupos parlamentarios. Para su aprobación fue fundamentales la actitud de Azaña, claramente favorable, y la situación política creada tras el intento del golpe de Estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932. A partir de ese momento, se aceleró la discusión del mismo y el 9 de septiembre fue aprobado por la mayoría de las Cortes. Las elecciones convocadas en Cataluña poco después dieron la victoria otra vez a Esquerra Republicana. Al morir Macià en diciembre de 1933, fue sustituido en la presidencia de la Generalitat por Luis Companys, que formó un gobierno de concentración con partidos de izquierda. 
La victoria electoral de los republicanos radicales y de la CEDA –noviembre de 1933– y su llegada al gobierno en diciembre de 1933 explican la aparición de los primeros conflictos de competencias. El primero surgió con la aprobación en el parlamento catalán de la Ley de Contratos de Cultivo, que aseguraba un período mínimo de explotación de las tierras a los arrendatarios (rabassaires) del sector vitivinícola, así como la posibilidad de acceder a la propiedad de las mismas. La derecha catalana –la Lliga–, con el apoyo del gobierno central presentó un recurso de inconstitucionalidad que fue ganado ante el Tribunal de Garantías Constitucionales. Este hecho fue considerado por Esquerra Republicana como un ataque a la autonomía catalana.
La respuesta de la Generalitat dirigida por Companys hay que inscribirla en el marco de la revolución de octubre de 1934. Como es bien conocido, el sector más radical de la UGT, liderado por Largo Caballero, adoptó un programa claramente revolucionario que después fue adoptado por el PSOE, pero no por la CNT. La entrada de ministros de la CEDA en el gobierno fue el desencadenante por el que los socialistas iniciaron la insurrección, que se justificó como un medio para impedir que Gil Robles destruyera la república.
Para comprender correctamente estos acontecimientos hay que situar el marco histórico europeo. En la Europa de 1934 estaba consolidándose el avance del fascismo. A los casos de Alemania e Italia, había que añadir Austria, donde el canciller Dollfuss declaraba partido único a su Frente Patriótico y reformaba la constitución en un sentido corporativista. Ese ejemplo alarmaba a la izquierda española –al PSOE puesto que la CNT se desentendió–, que dio por amortizada la república burguesa y optó por la revolución socialista.

Tipología regímenes políticos en Europa en los años treinta.
Fuente: http://social-es-sinclases.blogspot.com.es/2013/04/los-totalitarismos-fascismo-y-nazismo.html
También hay que tener en cuenta lo extendida que estaba la idea –entre la izquierda y el centro-izquierda republicano– de que la República sólo podía ser gobernada por los partidos de estas ideologías. En la campaña electoral de las elecciones de 1933 los líderes socialistas se habían pronunciado a favor de una revolución socialista. Por ello el nuevo gobierno de centro-derecha vio cuestionada su legitimidad desde un principio, basándose en la supuesta intención de que quería destruir la república. Macià, entonces, presentó a Cataluña como el último baluarte de la República.
Como ya es sabido la insurrección revolucionaria impulsada por los socialistas fracasó a nivel nacional –aunque la huelga general fue importante en algunas capitales: Madrid, Sevilla, Valencia, Córdoba, Barcelona…– entre otras razones porque ni la policía ni el ejército quisieron implicarse. La intentona revolucionaria solamente tuvo reflejo en dos fenómenos muy diferentes: el levantamiento obrero en Asturias, y en menor medida en el País Vasco, y la revuelta nacionalista en Cataluña. Lo que unía a estas manifestaciones era su intento de impedir por la fuerza la derechización de la República.
En Barcelona, la huelga general del 5 de octubre no contó con el apoyo de la CNT. Al día siguiente Companys anunciaba la ruptura de relaciones con el gobierno central y la proclamación del “Estado Catalán dentro de la República Federal Española” como una medida contra el acceso de la CEDA al poder. No se trataba de una proclama independentista sino de la creación de un Estado catalán dentro de un Estado, republicano, español; una fórmula compleja. A mismo tiempo invitaba a los líderes de la revuelta a ir a Barcelona para formar un gobierno provisional.
La medida comportaba también una rebelión militar cuyos preparativos habían estado a cargo del conseller de Gobernación, Josep Dencás, curioso personaje cercano al ideario fascista y duro represor de los anarquistas en su etapa como conseller. El apoyo popular armado que este esperaba no se manifestó en las calles. Además, Companys fracasó en su intento de atraerse al general Domingo Batet, jefe militar de Cataluña, que no obedeció sus órdenes y ocupó la ciudad. El día 7 Batet dispuso una batería de artillería frente al edificio de la Generalitat y tras una pequeña resistencia y un breve cañoneo tanto de la Generalitat como del Ayuntamiento, el gobierno catalán se rindió. La fracasada rebelión costó la vida a cuarenta y seis personas, ocho soldados y treinta y seis civiles.

Tropas de Batet frente al Palau de la Generalitat.
Fuente: http://joseantoniobru.blogspot.com.es/2015/11/lestat-catala-lluis-companys-vs-domingo.html
El castigo a los responsables de la rebelión, impulsado por la CEDA y un sector del Partido Radical, se centró en los socialistas, en la figura de Azaña y en el Estatuto de Cataluña y sus representantes. Azaña fue detenido y permaneció unos meses en prisión por el simple hecho de que la rebelión coincidió con su presencia en Barcelona; mientras tanto se intentó liquidar el Estatuto, así el 14 de diciembre se suspendía indefinidamente la autonomía y se procesaba a los dirigentes del gobierno autonómico. Companys y sus consellers fueron condenados a treinta años de cárcel por rebelión militar. Los militares que estaban a cargo de los mossos d’esquadra y del somatén fueron condenados a muerte, aunque luego se conmutaron sus penas.

LLuis Companys, con otros miembros de su gobierno, en prisión. Fuente: http://www.lasprovincias.es/sociedad/201703/02/modelo-barcelona-echa-cerrojo-20170302115723.html
La rebelión fracasó y la autonomía estuvo suspendida hasta 1936, cuando el gobierno del Frente Popular la restauró.
Bibliografía.
Casanova, J. y Gil, C (2009). Historia de España en el siglo XX. Barcelona: Ariel.
Fernández, J.M., González, J., León, V., Ramírez, G. (2016). Historia de España. Madrid: Santillana.
Fontana, J. (2016). La formació d’una identidat. Barcelona: Eumo.
Martín, J. (2017). El primer Estado catalán duró 11 horas y acabó con el Govern entre rejas. Noticias de Cultura. Recuperado 19 de septiembre de 2017, a partir de https://www.elconfidencial.com/cultura/2017-09-06/estado-catalan-1934-proces-cataluna-independencia_1438898/
Nieto, A. (2014). La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República. Madrid: Marcial Pons.
Pericay, X. (2015). El día que Cataluña se separó de España. Recuperado  a partir de http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/09/21/55fff4caca4741491d8b458f.html
Proclamación del Estado Catalán en octubre de 1934. (s.f.). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Proclamaci%C3%B3n_del_Estado_Catal%C3%A1n_en_octubre_de_1934&oldid=101751253

sábado, 6 de mayo de 2017

El bombardeo de Jaén durante la Guerra Civil


(Esta entrada fue publicada en mi blog  Mirada Histórica el 24-04-2017. https://miradahistorica.com/2017/04/24/el-bombardeo-de-jaen-durante-la-guerra-civil-espanola/)


El golpe de Estado del 18 de julio no logró triunfar en la provincia de Jaén debido a la fuerza del movimiento obrero, a la escasez de efectivos militares  y a que las milicias republicanas lograron armarse mediante asaltos a los cuarteles de la Guardia Civil . El principal enfrentamiento se dio en el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, cerca de Andújar, donde las tropas republicanas asediaron durante nueve meses a un grupo de guardias civiles y unos mil civiles. Hasta abril de 1937 la ciudad de Jaén había permanecido en calma ya que carecía de interés estratégico. Desde principio de 1937 el frente de combate se mantuvo inamovible en una línea que coincidía prácticamente con los límites de las provincias de Córdoba y Granada.
Evolución territorial de la Guerra Civil. Fuente:https://es.pinterest.com/pin/76561262385377385/
La tranquilidad se truncó el 1 de abril de 1937, cuando la ciudad padeció un intenso bombardeo aéreo. Fue llevado a cabo por aviones de la Legión Cóndor, contingente aéreo alemán que combatía aliado a las tropas nacionales de Franco, pero pilotados por aviadores españoles. El balance de víctimas alcanzó la cifra de 157 muertos y unos 280 heridos, todos civiles y muchos de ellos niños. Al no existir objetivos militares definidos, el bombardeo fue indiscriminado sobre la ciudad y tuvo todas las características de una operación de castigo y venganza.
La ciudad no era un enclave militar destacado y no estaba próxima a las líneas del frente de combate por lo que no contaba con defensas antiaéreas ni con ningún sistema de alarma. La rapidez del ataque pilló de improviso a los mandos militares republicanos que no avisaron a su aviación para que les procurara alguna defensa. El bombardeo se produjo a las cinco y veinte de la tarde en una sola pasada de seis bombarderos Ju-52 procedentes de la base de Tablada (Sevilla) Este aparato era un trimotor de transporte pero que se utilizó también en versión de bombardero. Según algunas fuentes los escoltaban varios cazas Fiat CR-32,  de procedencia italiana y  Heinkel 51, de procedencia alemana.
Bombardero Ju-52 con la escarapela nacional. Fuente: http://www.eurasia1945.com/armas/aire/junkers-ju-52/
Se trató de una operación de represalia ordenada por el general Queipo de Llano como respuesta al bombardeo de Córdoba por la aviación republicana que se había producido ese mismo día. Había sido este uno de los muchos bombardeos que sufrió la ciudad califal –casi cuarenta– aunque esta vez la acción causó unas 40 víctimas. Lo llevaron a cabo aparatos Tupolev SB “Katiuskas”, bombarderos ligeros de procedencia soviética, que centraron sus objetivos en el Hospital Militar, el cuartel de Artillería y la zona de la estación. Otras zonas de la ciudad también se vieron afectadas aunque en mucha menor medida.
Las consecuencias del bombardeo sobre Jaén despertaron el odio y los deseos de venganza de la población. Así, el Comité Provincial del Frente Popular decidió fusilar, como represalia, a tantos presos nacionales –clérigos, militantes de partidos de derecha, etc.– como víctimas había ocasionado el bombardeo. En los días siguientes y hasta el 7 de abril fueron fusilados 128 presos, sacados de la Prisión Provincial y de la Catedral, que también se empleaba como cárcel.
Aunque la repulsa por el bombardeo se extendió tanto por la zona republicana como por el extranjero, lo mismo que las muestras de solidaridad, el acontecimiento quedó  pronto relegado a un segundo plano. El clamor por el bombardeo de Durango, llevado a cabo por la Aviación Legionaria italiana el 31 de marzo y que ocasionó 336 víctimas y el posterior bombardeo de Guernica –este protagonizado por la Legión Cóndor alemana el 26 de abril y que causó 126 víctimas –, enormemente publicitado y utilizado por el gobierno republicano para denunciar la crueldad del bando nacional y sus aliados alemanes, acabaron eclipsando el bombardeo de Jaén. Ambos bandos corrieron un tupido velo sobre este hecho: los nacionales porque fueron conscientes de la barbarie del mismo y los republicanos porque sabían que las sacas ocurridas con posterioridad no eran justificables de ninguna manera. Por todo ello el tiempo fue eclipsando el recuerdo de este bombardeo que, en cuanto tal, alcanzó el mismo nivel de tragedia que los mencionados antes.
En muchos aspectos el conflicto bélico español fue antesala de lo que ocurrió después en la Segunda Guerra Mundial. Uno de esos aspectos fue el de las estrategias militares. Se inauguró en España la táctica de los bombardeos aéreos indiscriminados sobre ciudades situadas en la retaguardia; no se perseguía la destrucción de objetivos militares –cuarteles, arsenales, nudos de comunicaciones, puertos, aeropuertos, etc.– sino atacar a la población civil pera lograr la desmoralización del enemigo.
Los primeros bombardeos a gran escala los sufrió Madrid a partir de noviembre de 1936 y después los padecerían otras ciudades tanto nacionales como republicanas. Puede afirmarse que fueron las fuerzas nacionales las que más profusamente utilizaron esta táctica, sobre todo a partir de la primavera de 1937. El objetivo de estos ataques era doble: por un lado una demostración de poder y, por otro, como ya hemos señalado, causar la desmoralización y el pánico de la retaguardia enemiga. Al mismo tiempo se estudiaban las tácticas bélicas  más efectivas –formaciones de ataque, tipos de bombas, de aviones,…– y se probaban los nuevos modelos de bombas y de aparatos.
Mapa de los bombardeos aéreos durante la Guerra Civil. Fuente: http://jadonceld.blogspot.com.es/2012/01/bombardeos-aereos-en-la-guerra-civil.html
El bombardeo de Jaén se inscribe en el catálogo de estas acciones pero a diferencia de los bombardeos de Durango o Guernica, cuyos ataques hay que contextualizarlos en la ofensiva que las tropas nacionales llevaban a cabo contra Bilbao, el de Jaén no estuvo planificado ni se vinculó con ninguna ofensiva militar. Solamente respondió a la decisión en caliente y vengativa del general Queipo de Llano.
Bibliografía.
Cardona, G. (2006). Historia militar de una guerra civil: estrategias y tácticas de la guerra de España. Barcelona: Flor del Viento.
Cuevas Mata, J. (2013). El bombardeo de Jaén, 1 de abril de 1937. Jaén: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Jaén.
Doncel, J. A. D. (2012). Bombardeos aéreos en la guerra civil española: La destrucción de Guernica. Recuperado el 20/04/2017 a partir de http://jadonceld.blogspot.com.es/2012/01/bombardeos-aereos-en-la-guerra-civil.html
Hidalgo, P. (s. f.). Los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional durante la guerra civil española: aproximación al caso de Córdoba. Recuperado 22 de abril de 2017, a partir de http://www.laguerracivilencordoba.es/intro.htm
Linde, R. (2015). El bombardeo de Jaén. Recuperado a partir de https://blogdehistoriaderafa.wordpress.com/2015/03/26/el-bombardeo-de-jaen/
Luzarraga, I. (2008). Refugios de vida para Gernika. El Correo. Recuperado 22 de abril de 2017, a partir de http://www.elcorreo.com/vizcaya/20080427/costa/refugios-vida-para-gernika-20080427.html
Martín Alarcón, J. (s. f.). El bombardeo de Jaén en 1937: más muertos que en Guernica un mes antes. El Confidencial. Recuperado 20 de abril de 2017, a partir de http://www.elconfidencial.com/cultura/2017-04-01/guerra-civil-bombardeo-jaen-1937-guernica_1359031

lunes, 17 de abril de 2017

La violencia política durante la Transición española: la matanza de Atocha.


Esta entrada se ha publicado anteriormente en mi otro blog: https://miradahistorica.com/2017/04/10/la-violencia-politica-durante-la-transicion-espanola-la-matanza-de-atocha/ 


El abrazo (1976). Juan Genovés. Museo Reina Sofía
La transición española, entendida como el período comprendido entre la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la victoria electoral del PSOE el 28 de octubre de 1982, se caracterizó por el paso de un régimen político dictatorial a otro democrático. Este transcurso se encauzó mediante pactos y negociaciones entre las fuerzas franquistas y las fuerzas democráticas. Toda negociación es producto de una relación de fuerzas: el franquismo disponía de todo el apoyo institucional y de una parte de la población, alineada sociológicamente con el régimen; la oposición disponía de la legitimidad democrática, del apoyo internacional y de unas bases muy activas, aunque reducidas. La continuidad del franquismo era imposible y la implantación de una democracia sin contar, al menos, con el sector aperturista del régimen tampoco era factible. De ahí la necesidad de una convergencia entre los sectores franquistas citados y las principales fuerzas de la oposición. Unos basaban su fuerza en el control de las instituciones del Estado, otros en las importantes movilizaciones populares.
Se ha querido presentar este proceso como modélico en cuanto a la transformación de un régimen dictatorial en otro democrático. Tiende a ponerse el énfasis en la capacidad de aquellos líderes políticos para la negociación, pero la Transición distó de ser un proceso ejemplar y pacífico. El grado de violencia política que produjo fue muy superior al ocurrido en Portugal con la Revolución de los Claveles  –25 de abril de 1974– y el posterior proceso revolucionario, donde no hubo víctimas mortales; y también fue mucho más elevado que el acaecido durante la caída de la Dictadura de los Coroneles griega el 24 de junio de 1974, donde hubo menos de una decena de víctimas mortales y todos ellos en hechos ocurridos con posterioridad.
Recientemente se ha cuestionado el proceso de Transición democrática achacándole la culpabilidad de algunos de los problemas actuales de la democracia española. Esta acusación no tiene mucho sentido histórico; exigir más contundencia a las fuerzas democráticas de entonces en los procesos de negociación que se llevaron a cabo es no comprender bien aquella coyuntura histórica. Aunque muy debilitados y con escasos o nulos apoyos internacionales, sectores franquistas recalcitrantes ante cualquier cambio seguían controlando en bastante medida algunos resortes de poder nada despreciables:  judicatura, fuerzas del orden, fuerzas armadas, etc., que en ocasiones actuaban con total autonomía del gobierno. Contaban además con otro elemento que impregnaba a muchos sectores sociales españoles: el miedo, miedo a la represión del régimen, miedo incluso a un golpe militar –Tejero y otros en 1981–, y miedo a una nueva guerra civil. Ese miedo impedía que las movilizaciones populares alcanzaran la fuerza suficiente para provocar la caída del franquismo. La incertidumbre sobre lo que pudiera pasar también favorecía a las opciones moderadas.

La Policía Armada reprimiendo una manifestación en 1976. Fuente: http://escalabasica.blogspot.com.es/
Las dificultades de aquella coyuntura histórica se muestran en la extrema violencia que caracterizó el período. Paloma Aguilar e Ignacio Sánchez Cuenca contabilizaron 665 fallecidos a consecuencia de la violencia política entre 1975 y 1981. El desglose de la cifra muestra el origen de estas muertes:
  • Acción represiva del Estado: 162 fallecidos, un 24 %.
  • Acciones de grupos terroristas de índole nacionalista: 361 fallecidos, un 54 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema izquierda: 67 fallecidos, un 11 %.
  • Acciones de grupos terroristas de extrema derecha: 57 fallecidos, un 10 %.
Hubo por tanto, en la Transición, una confluencia de fuerzas que optaron por la práctica de la violencia política, del terrorismo en suma. La represión policial, dirigida por mandos que provenían del franquismo, se orientaba contra la izquierda,  y es cierto que agravó los conflictos pero no fue un elemento impulsor de la violencia terrorista. Los grupos que la practicaban tenían sus propios objetivos, independientes de la acción policial: independencia de algún territorio, reacción a las acciones de ETA o amedrentamiento de la izquierda –en el caso de la extrema derecha–, golpes a las clases dominantes (empresarios, militares,…) por parte de la extrema izquierda. Sus acciones, independientemente de su casuística, contribuían a la inestabilización social y política e impulsaban a las fuerzas moderadas del franquismo y de la oposición a una convergencia que estabilizara el sistema político.

Atentado de ETA en Pamplona en 1979. Fuente: http://mapadelterror.com/imagenes/
Uno de los ejemplos más paradigmáticos de esta violencia terrorista fue la denominada matanza de Atocha. El 24 de enero de 1977 tres pistoleros de extrema derecha penetraron en un despacho de abogados laboralistas situado en la calle Atocha, número 55 de Madrid. Los miembros de ese despacho estaban vinculados con el sindicato CC.OO. y con el PCE, aún ilegal. El resultado del asalto fue de cinco personas muertas –Enrique Valdevira, Luis J. Benavides, Francisco J. Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez– y cuatro heridas. Se trataba de una provocación en toda regla a la izquierda comunista para inducir una reacción que dificultara o imposibilitara su legalización e inclusión en el nuevo sistema democrático.
El contexto de esta terrible acción se inscribe en la reacción de la extrema derecha ante la liberación de Santiago Carrillo. Este se encontraba ilegalmente en España desde febrero de 1976 y había sido detenido en diciembre de ese año y liberado poco después. Días antes del atentado se habían producido dos muertes de personas vinculadas  a la izquierda –una asesinada por la Triple A y otra golpeada por un bote de humo en una manifestación–, también había sido asaltado un despacho de la UGT en Madrid que se hallaba vacío en ese momento.

Multitudinario entierro de los asesinados en el despacho de Atocha. Fuente: https://www.reddit.com
La respuesta del PCE y la izquierda en general distó de la esperada por las fuerzas reaccionarias. El entierro de las víctimas de Atocha se convirtió en una multitudinaria manifestación que transcurrió sin incidentes; la solidaridad con las víctimas se extendió por todo el país a través de paros y otros actos. El Partido Comunista mostró su contención y ello favoreció, sin duda, su legalización en la Semana Santa de ese año –9 de abril de 1977–.
Esta vez el gobierno no iba a permanecer impasible ante la matanza. La prioridad para la policía fue la captura de los asesinos; ello era fundamental para dar credibilidad al proceso de democratización que se estaba produciendo. Estos no habían huido, confiando en sus contactos políticos y policiales. La Policía Armada los detuvo pocos días después, desvelándose que todos ellos estaban relacionados con Falange Española o Fuerza Nueva. Posteriores investigaciones también sacaron a la luz la probable participación de la denominada red Gladio, una organización italiana de extrema derecha.
La matanza de Atocha marcó uno de los hitos de la violencia política durante la Transición. Fue un ejemplo de cómo los sectores más reaccionarios del régimen franquista, aún poderosos,  intentaban impedir, por todos los medios, cualquier proceso que condujese a la implantación de una democracia política. Ya hemos visto que no eran los únicos y que otras fuerzas nacionalistas o de extrema izquierda también se empañaban en dificultar ese proyecto. Fue, por todo ello, un proceso complicado que finalmente dio paso a un sistema democrático, imperfecto sin duda, pero resultado de la relación de fuerzas políticas y sociales existente entonces.
BIBLIOGRAFÍA.
Álvarez, L. (2011). Las cloacas de la transición. Madrid: Espasa.
González Sáez, J. M. (2012). La violencia política de la extrema derecha durante la transición española (1975-1982) Actas del III Congreso Internacional de Historia de Nuestro Tiempo. Logroño: Universidad de la Rioja.
Juliá, S. (2014). ¡Todavía la Transición! EL PAIS.
Kornetis, K. (2011). Las transiciones democráticass griega y española en retrospectiva. In C. L. Frías, José Luis; Rodrigo, Javier (eds.) (Ed.), Reevaluaciones. Historias locales y miradas globales. Zaragoza: Institución Fernando el Católico.
Nerín, G. (2016). La transición española: una democracia de sangre y plomo. El Nacional. Retrieved from http://www.elnacional.cat/es/cultura-ideas-artes/xavier-casals-transicion-espanola_104653_102.html
Redero, M. (1994). La transición española. Cuadernos del Mundo Actual, 72.
Sánchez Cuenca, I. (2009). La violencia terrorista en la transición española a la democracia. Historia del Presente, 14, 11.
Sotelo, I. (2013). El mito de la Transición consesuada. EL PAIS.